Un mundo de piedra.

XX

Mientras los árboles se llevaban nuestras almas, piaban los pájaros a nuestro son, rozaban tus manos mi tortura, leías mi perfume forman...

martes, 2 de febrero de 2016

II

Mi aliento recorría su cuello,
inefable sentimiento de encanto,
sus manos rozaban mis labios,
famélica por no tener pan ni manto.
Esparce la escarcha cristalina,
que se lamenten los oscuros pájaros,
se logró arrancar la espina,
espina que en el corazón tenía,
que logró con vanidad extirpar en un día.
Con intrépido sentimiento de vergüenza,
entre agonías y dolores,
la plebeya me besaba,
mientras en su perfume indagaba.
Ociosa familiaridad de encanto,
mas sus ámbitos de egoísmo fueron,
que lacónicos y ricos días vivimos.
Con recio golpe seria me miraba,
mientras los días pobres pasaban,
amanecía a mi lado bella mientras morimos.
moraba en dos cuerpos fríos,
engendrado el amor de los plebeyos.

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