El cielo oscuro caía,
solo las luces se apagaron,
y los pájaros burlaron
pues mi sonrisa se asomaba en vano.
Ficticio el puente portentoso,
que libraba de los castigos,
de este ser oscuro y mortífero.
Carente de felicidad insoluble,
mis brazos cayeron al caer mis párpados,
y el alma moría soñando,
pues nació soñando y así decidió ir terminando.

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