Un mundo de piedra.

XX

Mientras los árboles se llevaban nuestras almas, piaban los pájaros a nuestro son, rozaban tus manos mi tortura, leías mi perfume forman...

lunes, 5 de diciembre de 2016

El último testamento.

Ya no bate las alas,
el viento dejó de soplar,
sus colores se esfumaron;
borraron su sonrisa,
en un mundo tenue,
lleno de codicia,
en el que nos mueven,
al son del dolor,
somos muñecos sin vida;
con riendas manchadas de envidia.
Manejados por dinero,
por sufrimiento de perdidos,
en una lucha sin camino,
rota como nuestra alma;
que se desgarra,
como nuestra mirada;
mientras se desangra,
la paciencia en nuestras muñecas,
su dulce olor escapa,
pues le cortaron los labios,
para callar sus gritos;
y lo único que se escuchó,
fue el aliento de otro más perdido.