Al techo frío miraba,
y contemplaba,
las rosas pálidas de tu cara,
consumida estaba mi alma;
confusa,
por lo radiante que llegó a ser la tuya.
En poco tiempo cambiaste,
sin motivo, ni argumento;
la mirada de mis ojos,
el color que los abundaba,
en un negro;
tan oscuro como el invierno.
El invierno que vivimos,
entre besos,
las caricias calurosas,
que tanto anhelo;
que desangran,
y desgarran.
Que si en poco tiempo,
motivos distes para amarte,
solo imagina cuantos para llegar a odiarte.

No hay comentarios:
Publicar un comentario