El cielo cayó desnudo,
a los pies de tus ojos lloraba,
pues vivir para morir es mi recompensa,
y no ser recompensada la cruel realidad adversa.
Engañada por una voz hermosa,
por los celestiales cantos de los pájaros,
ahí me hallaba a tus pies,
anhelando tu soledad,
pensabas que no valoraba,
y los pájaros dejaron de cantar.
Tristes mañanas de invierno,
caricias al medio día
y llantos de madrugada.
Sigo soñando contigo,
rozando la tristeza;
besando suavemente tus manos,
esperando la noticia,
de que en verdad algún día me has amado;
y no saborear solo el odio,

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