Me desvanezco,
con el humo,
en la orgía de tus labios,
conteniendo el impulso,
de morderlos, arrancarlos.
El humo sube,
toca el techo,
mis quebradas manos,
se deslizan por tu pecho,
me hago pequeña;
me aterra verte sonriendo.
Las palabras se dibujan,
mezclándose con tus besos,
me atrapan,
agonizo en el deseo,
me rompo,
el humo se disipa,
que con mis lágrimas se escapa,
quién eres tú;
si es a ella a quien amaba.
Pequeños humanos en una inhumanidad demasiado extravagante. Fomentando mi propia mierda. No respetando a quien no me respeta pero amando a quien me llega a odiar.
Un mundo de piedra.
XX
Mientras los árboles se llevaban nuestras almas, piaban los pájaros a nuestro son, rozaban tus manos mi tortura, leías mi perfume forman...
jueves, 21 de julio de 2016
Dissapear.
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