No puedo parar,
el daño de la verdad;
cuando tus manos me acariciaban,
intentaba escapar.
La ilusión me asustaba,
me arranca las palabras;
el miedo a sufrir,
el miedo a sentir,
sentir como tus manos rozaban mi espalda,
acariciándome el alma;
llevándome al cielo,
mientras oculto que te quiero.
Pequeños humanos en una inhumanidad demasiado extravagante. Fomentando mi propia mierda. No respetando a quien no me respeta pero amando a quien me llega a odiar.
Un mundo de piedra.
XX
Mientras los árboles se llevaban nuestras almas, piaban los pájaros a nuestro son, rozaban tus manos mi tortura, leías mi perfume forman...
sábado, 23 de julio de 2016
¿A quién le importa más que a mí lo que piensen de mí?
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