Cuatro paredes que rodean la nada haciendo de ella una nada oscura.
Mi cuerpo es encadenado por unas amables rosas negras y brillantes que decoran el paraíso de la oscuridad. Sin preocupación, sin problemas, sin espinas. Solo cuatro paredes blancas las cuales estaban ocultas por un negro que incitaba al silencio de la habitación. Una habitación en la que había que soñar dormido, pero soñar despierto. Un descanso eterno en el que no hace falta sonreír, llorar o gritar; los gritos serán eternos y silenciosos, las oscuras paredes llorarán por ti y tus sonrisas se ocultarán entre las rosas. No podrás moverte, no podrás hablar, ni si quiera respirar. En el lúgubre encanto de la muerte te encuentras y ríes inmóvil con sigilo y con deleite.

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