Andaba sobre el mar,
lloraba sobre tus caderas,
gritaba al son de la música,
recitaba tus gemidos;
en el paraíso del amor prohibido.
El fuego acariciaba nuestro alma,
tocabas mi felicidad,
inspiraba esta poesía;
el dulce olor de la irracionalidad.
Las rosas percibían el cariño,
agitaban sus pétalos en busca de tu perfume,
todo era demasiado perfecto,
mientras sin aliento sonreías,
el amor prohibido de dos seres imperfectos,
en las noches más sombrías.

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