Volaba el dolor,
cantaban sus llantos,
derrama palabras;
la niña de blanco.
Oculta su risa,
miraba las rosas;
rojas como sus labios,
oscuras como su corazón.
Volteaba su pelo negro;
para darme la razón,
pues en busca de la tortura;
ella apareció.
El hedor a alegría,
se mofaba de sus caricias,
nula y oculta;
miraba tras la luna,
triste,
como su mirada;
la niña lloraba.
Las mariposas miedosas,
no alzaban el vuelo,
por miedo a caer,
como caía su falda;
en el congelador invierno.
Mi niña observaba,
sentada en la barandilla,
golpeando mis ojos,
con su mirada fría,
tan fría como sus manos;
que un día me tocaron,
pequeña niña de blanco,
¿cómo te amé tanto?

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